Sentencia

Sonó  la trompeta y se hizo un silencio ceremonial.

-Aquel valiente que quede en pie, se hará merecedor de la mano de mi hija- sentenció el Rey.

Luego, sobre la arena yacían muchos guerreros. Entre ellos avanzó el vencedor.

La multitud, emocionada, vitoreaba al héroe. Al llegar ante la presencia del Rey, el caballero se inclinó, en actitud de reverencia. La doncella prometida se levantó, caminó hacia él y cortó de un tajo la cabeza del triunfador.

-Aquel valiente que quede en pie se hará merecedor de la mano de mi hija- sentenció el Rey.

Orlando Caré Arcia

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